A partir de los seis meses los niños se vuelven cada vez más independientes, sin embargo, también aumenta en ellos la incertidumbre respecto a separarse de sus padres. A medida que crece, el bebé se da cuenta de que su madre no puede estar siempre a su lado, y que empieza a depender de otras personas. Se pone nervioso cuando uno de sus padres desaparece y llora para intentar que vuelva.
Puede ser un momento difícil, llamado ansiedad de separación, al pasar de la dependencia a la independencia y, para resolver esa tensión existe el llamado objeto transicional que proporciona tranquilidad al bebé con algo que llena el vacío, algo que le recuerda a sus padres y a sus atenciones. Cuando está cansado le ayudará a conciliar el sueño, durante una separación lo tranquiliza, si está enfadado lo consuela y si está en un lugar extraño le ayuda a sentirse como en casa.














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